Tampoco tienen fecha las hojas de este otoño y acaso no es verdad que su mundo agonice. Ni queda amargura en sus grietas ni sus arrugas aguardan la soledad del invierno.
Es sólo levadura, madriguera, lazada de luz cuando reposa, cuando cierra los ojos para buscar los nombres de lo oscuro.
Pergaminos, venas izadas, nervios que han excavado la piel, los profundos ríos de montaña que se dibujan en tus manos.
No hay desembocadura en este instante detenido en la pared de un día, en los muros de una casa que no existe, el limbo del soñador y sus iconos.
Caminos superpuestos, desde el Austral al Ártico, sólo el imán del útero en letargo, el jirón de inquietud que te faltaba para soñarte sin gravedad. De “Lázaro se sacude las ortigas” 2005