“Cuando una se siente bien, puede prescindir de lo mejor. Eso me parece sabio”. Andrea de Nerciat
Y esa tan transparente neblina que su lengua extendió sobre mí… labor concupiscente, minuciosa e inútil, pues el bello prosélito ¿me atreveré a decirlo? es que es tan impotente como adorable es. Por ello, aún intacto conservo el corazón de mi valiosa orquídea (falsas futuras nupcias blancas) y, así, entre tanto, mi precioso tormento, recibo tus bombones y mis ingles remojo detrás de cada cita con abluciones vanas. Pero, tonto muchacho, no te avergüences si, de pronto, no se abulta tu pretina, ni tu enarbolado furor puede, impasible, horadarme la membrana y arrancar de mi carne el clásico aspaviento. Y no te desesperes si no soy despojada aún de aquello que, sobrepasando el tiempo que la edad aconseja y Cupido consiente, fiel guardo en el ardiente túnel. Ya custodiada mi pelvis por amor tan incauto cerrada permanece, mi escudo, sabrosa precaución! Hundamos nuestras bocas en la fresca reseda de nuestros célibes y ocultos sitios y tú, tonto muchacho, si encuentras resistencia en donde tu ternura esperaba verterse, torpemente no insistas empeñado en robarme unas gotitas rojas y un agudo gritito, pues no soportarías placer tan cruento.
De “Los devaneos de Erato” 1980