se vuelve púrpura Nunca más, oh no, nunca más me prenderá la primavera con sus claras argucias. Desconfío del tumescente gladiolo blanco, satinadas pastas de misales antiguos. Parece una mortaja de niño, su apariencia es tan pura que, sin malicia, lo exponemos a la vista de muchachas seráficas. Y sin embargo, qué hermoso señuelo, jamás halló Himeneo instructor más propicio. Ya visita, de noche, silente, las alcobas, se introduce en los sueños y despierta a las vírgenes con dura sacudida. Nunca más, oh no, nunca más me prenderá la primavera con sus claras argucias.
De “Los devaneos de Erato” 1980