Nueve

Nueve

No juegas ya conmigo, tan orgulloso estás que más allá de ti no necesitas nada. Tú observas incesante, sin embargo te olvidas de que yo te soy tan parecida que te describiría con la fidelidad de un espejo: tan semejante a ti que hasta podrías amarme sin temor a excederte.

Pero, si en desdeñarme persistes obstinado, no importa, esperaré. Mientras enhebro cintas de dulce terciopelo en el blanco entredós de una tira bordada o anchas randas de encaje infatigable labro, atisbando estaré el menor de tus gestos. Tan preciso lo retendré en mi rostro, tan exacto, que pasado algún tiempo, cuando la edad viril, arrasándote tras derruir la seda delicada exija tus mejillas para sus arrayanes, tu pecho como un muro para enredar su hiedra, no tendrás más remedio que mirarme. Y te verás en mí, adolescente, inmóvil durante muchos años todavía.

De “Dióscuros” 1982