A la mirada de las divinidades

A la mirada de las divinidades

«Un poco antes de medianoche cerca del desembarcadero. «Si una mujer desmelenada te sigue no te preocupes. «Es el azul. No tienes que temer nada del azul. «Habrá un gran jarro claro en un árbol. «El campanario del pueblo de los colores disipados «Te servirá de punto de referencia. Tómate el tiempo, «Recuérdalo. El oscuro geyser que lanza al cielo los brotes de helecho «Te saluda.»

La carta sellada de los tres ángulos de un pez Pasaba ahora entre la luz de los suburbios Como una enseña de domador. Y al permanecer La bella, la víctima, la que se llamaba En el barrio la pequeña pirámide de reseda Se descosía para ella sola una nube semejante A un saquito de piedad.

Más tarde la blanca armadura Que vacaba de los cuidados domésticos y demás Tomando a sus anchas más fuerte que nunca Al niño en la concha, el que debía ser… Pero silencio.

Un brasero daba ya presa En su seno a una encantadora novela de capa Y espada. En el puente, a la misma hora, Así se entretenía el rocío con cabeza de gata. Con la noche, se perderían las ilusiones.

He aquí a los blancos Padres que regresan de las vísperas Con la inmensa llave por encima de ellos suspendida. He aquí a los grises heraldos, por fin he aquí su carta O su labio: mi corazón es un cuclillo para Dios.

Pero del tiempo que habla, no queda más que un muro Golpeando en una tumba como un velo podrido. La eternidad busca un reloj de pulsera Un poco antes de medianoche cerca del desembarcadero. Versión de Manuel Álvarez Ortega