Girasol

Girasol

A Pierre Reverdy

La viajera que atravesó les Halles a la caída del verano Caminaba sobre la punta de los pies La desesperación hacía girar en el cielo sus grandes yaros tan bellos Y en el bolso de mano se hallaba mi sueño ese frasco de sales Que únicamente aspiró la madrina de Dios Los entorpecimientos se desplegaban como el vaho En el Perro que fuma Donde acababan de entrar el pro y el contra La muchacha sólo podía ser vista por ellos mal y al sesgo Tenía yo que vérmelas con la embajadora del salitre O con la curva blanca sobre fondo negro que llamamos pensamiento El baile de los inocentes estaba en su apogeo Los farolillos se encendían lentamente entre los castaños La dama sin sombra se arrodilló en el Pont au Change Calle Gît-le-Coeur los timbres ya no eran los mismos Las promesas de las noches por fin se cumplían Las palomas mensajeras los besos de socorro Se unían a los pechos de la bella desconocida Lanzados bajo el crespón de las significaciones perfectas Una granja prosperaba en medio de París Y sus ventanas daban sobre la vía láctea Pero nadie la habitaba aún a causa de los aparecidos De los aparecidos que como se sabe son más devotos que los desaparecidos Algunos como esta mujer aparentan nadar Y en el amor penetra un poco de su substancia Ella los interioriza Yo no soy el juguete de ninguna potencia sensorial Y sin embargo el grillo que cantaba en los cabellos de ceniza Una tarde cerca de la estatua de Etienne Marcel Me hizo un guiño de entendimiento André Breton me dijo pasa Versión de Manuel Álvarez Ortega

Hotel de las centellas

La mariposa filosófica Se posa en la estrella rosa Y forma así una ventana del infierno El hombre enmascarado está siempre de pie ante la mujer desnuda Cuyos cabellos resbalan lo mismo que de mañana la luz de un farol que han olvidado apagar Los sabios muebles preparan la pieza que hace juegos de manos Con sus rosetones Sus rayos de sol circulares Sus moliendas de vidrio En cuyo interior azulea un cielo con precisión En memoria del pecho inimitable Ahora la nube de un jardín pasa por encima de la cabeza del hombre que acaba de sentarse Parte por la mitad a la mujer de busto mágico y ojos de Parma Es la hora en que el oso boreal con gesto de gran inteligencia Se estira y da cuenta de un día Al otro lado la lluvia se encabrita sobre los bulevares de una gran ciudad La lluvia entre la niebla con regueros de sol sobre las flores rojas La lluvia y el diávolo de los viejos tiempos Las piernas bajo la nube frutal rodean el invernadero Sólo se percibe el pulso de una mano muy blanca representado por dos minúsculas alas El balancín de la ausencia oscila entre las cuatro paredes Hendiendo las cabezas De donde se escapan bandadas de reyes que en seguida se hacen la guerra Hasta que el eclipse oriental Turquesa en el fondo de las tazas Descubre el lecho equilateral de sábanas color de esas flores llamadas bola de nieve Los veladores deliciosos las cortinas rasgadas Al alcance de un librito con estas palabras estampadas No hay mañana Cuyo autor lleva un nombre extraño En la oscura señalización terrestre

Versión de Manuel Álvarez Ortega