La casa de Yves

La casa de Yves

La casa de Yves Tanguy Donde se entra sólo de noche

Con la lámpara-tempestad

Afuera el país transparente Un adivino en su elemento

Con la lámpara-tempestad Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve

Y la tela estampada del cielo -Vamos, lo sobrenatural al suelo

Con la lámpara-tempestad Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve Con todas las estrellas del infierno

Hecha de lazos y jambajes Color de cangrejo en el oleaje

Con la lámpara-tempestad Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve Con todas las estrellas del infierno Con los tranvías delirantes retenidos sólo por sus cables

El espacio encadenado, el tiempo disminuido Ariana en su aposento-cofrecillo

Con la lámpara-tempestad Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve Con todas las estrellas del infierno Con los tranvías delirantes retenidos sólo por sus cables Con las crines sin fin del argonauta

El servicio está a cargo de falenas Que se cubren los ojos con telas

Con la lámpara-tempestad Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve Con todas las estrellas del infierno Con los tranvías delirantes retenidos sólo por sus cables Con las crines sin fin del argonauta Con el moblaje fulgurante del desierto

Allí Se mata allí se cura Y sin tapujos se conspira

Con la lámpara-tempestad Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve Con todas las estrellas del infierno Con los tranvías delirantes retenidos sólo por sus cables Con las crines sin fin del argonauta Con el moblaje fulgurante del desierto Con las señales que intercambian los amantes desde lejos

Ésa es la casa de Yves Tanguy.

De “Poèmes” Versión de Aldo Pellegrini

La muerte rosa

Los pulpos alados guiarán por última vez la barca cuyas velas están hechas de ese solo día hora a hora Es la velada única tras la cual sentirás subir por tus cabellos el sol blanco y negro De los calabozos rezumará un licor más fuerte que la muerte Cuando se la contempla desde lo alto de un precipicio Los cometas se posarán suavemente en los bosques antes de fulminarlos Y todo pasará dentro del amor indivisible Si el motivo de los ríos nunca desaparece Antes de que sea completamente de noche observarás La gran pausa de la plata Sobre un pescador en flor aparecerán las manos Que escribieron estos versos y que serán husos de plata también Y también golondrinas de plata sobre el oficio de la lluvia Verás el horizonte abrirse y de pronto habrá acabado el beso del espacio Pero el miedo ya no existirá más y los cristales del cielo y del mar Volarán por el viento con más fuerza que nosotros Qué haré yo con el temblor de tu voz Sonríe danzarina alrededor del único lustro que no caerá Trampa del tiempo Subiré los corazones de los hombres Para una suprema lapidación Mi hambre dará vueltas como un diamante demasiado tallado Trenzará los cabellos de su hijo el fuego Silencio y vida Pero los nombres de los amantes se olvidarán Como la adónica gota de sangre En la luz enloquecida Mañana engañarás a tu propia juventud A tu gran juventud luciérnaga Los ecos solos harán moldes de todos los lugares que existieron Y en la infinita vegetación transparente Te pasearás con la celeridad Que se pide a los animales de los bosques Acaso te desgranes entre mis despojos Sin verlos lo mismo que uno se arroja sobre un arma fluctuante Pero yo perteneceré al vacío semejante a los Peldaños De una escalera cuyo movimiento se llama muy penoso Para ti los perfumes desde entonces los perfumes prohibidos Lo angélico Bajo el musgo esponjoso y bajo tus pasos que no existen Mis sueños serán vanos y formales como el rumor de los párpados del agua en la sombra Me introduciré en los tuyos para sondear la profundidad de tus lágrimas Mis llamadas te dejarán dulcemente vacilante Y en el tren hecho de tortugas de hielo No tendrás que tirar de la señal de alarma Llegarás sola a esta playa perdida Donde una estrella descenderá sobre tus equipajes de arena

Versión de Manuel Álvarez Ortega

Los escritos vuelan

El satén de las páginas que se hojean en los libros modela una mujer tan hermosa Que cuando no se lee se contempla a esa mujer con tristeza Sin atreverse a hablarle sin atreverse a decirle que es tan hermosa Que lo que se va a saber no tiene precio Esta mujer pasa imperceptiblemente entre un rumor de flores A veces se vuelve en medio de las estaciones impresas Para preguntar la hora o mejor aún simula contemplar unas joyas bien de frente Como no hacen las criaturas reales Y el mundo se muere una ruptura se produce en los anillos de aire Un desgarro en el lugar del corazón Los diarios de la mañana traen cantantes cuya voz tiene el color de la arena en las riberas tiernas y peligrosas Y a veces los de la tarde dan paso a muchachas que conducen animales encadenados Pero lo más bello está en el intervalo de ciertas letras Donde unas manos más blancas que el cuerno de las estrellas a mediodía Saquean un nido de blancas golondrinas Para que llueva siempre Tan bajo tan bajo que las alas no puedan ya mezclarse Unas manos por donde se sube hasta unos brazos tan leves que el vapor de los prados en sus graciosas volutas por encima de los estanques es su imperfecto espejo Unos brazos que no se articulan más que con el peligro excepcional de un cuerpo hecho para el amor Cuyo vientre llama a los suspiros desprendidos de los matorrales llenos de velos Y que sólo tienen de terrestre la inmensa verdad helada de los trineos de miradas sobre la extensión toda blanca De lo que no volveré a ver más A causa de una venda maravillosa Que es la mía en el juego de la gallina ciega de las heridas

Versión de Manuel Álvarez Ortega

Luna de miel

¿En qué se basan las recíprocas inclinaciones? Hay unos celos más conmovedores que otros. Me paseo con gusto entre esa oscuridad que supone la rivalidad de una mujer y un libro. El dedo en la sien no es el cañón de un revólver. Creo que nos oíamos pensar, pero el maquinal «En nada», que es la más audaz de nuestras negativas, no lo pronunciamos en todo el viaje de bodas. No hay nada que mirar fijamente menos alto que los astros. En cualquier tren es peligroso asomarse a la ventanilla. Las estaciones estaban claramente repartidas sobre un golfo. El mar, que para la mirada humana no es nunca tan bello como el cielo, no nos abandonaba. En el fondo de nuestros ojos se perdían bonitos cálculos orientados hacia el porvenir, como los de los muros de las prisiones.

De “Los campos magnéticos” Versión de Manuel Álvarez Ortega

Mundo en un beso…

Mundo en un beso El músico con baquetas de avellano cosidas en las mangas Apacigua a un enjambre de jóvenes monos-leones Que descendieron con gran estrépito de la cornisa Todo se vuelve opaco veo pasar la carroza de la noche Arrastrada por los ajolotes de zapatos azules Que penetra resplandeciente por la violencia que conduce a la tumba Pavimentada de párpados con sus pestañas La ley del talión utiliza un pueblo de estrellas Y tú te matizas para mí de un negro rocío Mientras los horribles bornes mentales Se hienden en el sentido de la longitud Dando paso a unos penachos Que miran al lago próximo Los barrotes del espectáculo están maravillosamente retorcidos Un largo huso de aire atestigua sólo la huida del hombre De madrugada entre la ilustre alfalfa La hora Sólo es lo que hacen sonar las piezas de oro de la bohemia En las aspas de coriaria Una amazona de pie sobre un caballo tordo anaranjado al galope Desde lejos los brazos están siempre en extensi6n lateral El rombo polvoriento del forro me recuerda La tienda decorada de bisontes azules Por los indios de la almohada Afuera el aire se prueba los guantes de muérdago Sobre un mostrador de agua pura Mundo en un beso limpio Para mí las escamas Las escamas de la gran tortuga celeste con vientre de hidrófilo Que se debate cada noche en el amor Con la gran tortuga negra la gigantesca escolopendra de raíces

Versión de Manuel Álvarez Ortega

No ha lugar

Arte de los días arte de las noches La balanza de las heridas que se llama Perdona Balanza roja y sensible al peso de un vuelo de pájaro Cuando las amazonas de cuello de nieve con las manos vacías Empujan sus carros de vapor sobre los prados Veo esa balanza sin cesar enloquecida Veo el ibis de bellos modales Que regresa del estanque atado en mi corazón Las ruedas del sueño encantan a los espléndidos carriles Que se elevan altísimos sobre las conchas de sus vestidos Y el asombro salta de aquí para allá sobre el mar Ve mi querida aurora no olvides nada de mi vida Toma estas rosas que trepan en el pozo de los espejos Toma los latidos de todas las pestañas Toma hasta los hilos que sostienen los pasos de las marionetas y de las gotas de agua Arte de los días arte de las noches Estoy en la ventana muy lejos de una ciudad llena de terror Fuera unos hombres con sombrero de copa se persiguen a intervalos regulares Semejantes a las lluvias que amaba Cuando hacía tan buen tiempo «La ira de Dios» es el nombre de un cabaret al que entré ayer Está escrito sobre la portada blanca con letras más pálidas Pero las mujeres-marineros que se deslizan detrás de los cristales Son demasiado hermosas para tener miedo Aquí nunca el cuerpo siempre el asesinato sin pruebas Nunca el cielo siempre el silencio Nunca La libertad sino por la libertad

Versión de Manuel Álvarez Ortega

Nudo de espejos

Las bellas ventanas abiertas y cerradas Suspendidas de los labios del día Las bellas ventanas en camisa Las bellas ventanas de cabellos de fuego en la noche negra Las bellas ventanas de gritos de alarma y de besos Encima de mí debajo de mí detrás de mí están menos que en mí En donde sólo forman un único cristal azul como los trigos Un diamante divisible en tantos diamantes como se necesitarían para bañar a todos los bengalíes Y las estaciones que no son cuatro sino quince o dieciséis En mí entre las cuales está aquella en donde el metal florece Aquella cuya sonrisa es tenue como un encaje Aquella cuyo rocío al atardecer une las mujeres y las piedras Las estaciones luminosas como el interior de una manzana de la que se hubiera desprendido un trozo O como un barrio excéntrico habitado por seres que están en combinación con el viento O como el viento del espíritu que de noche hierra de pájaros sin límites a los caballos con ollares de álgebra O como la fórmula

Tintura de pasionaria {aa 50 cent. cúbicos Tintura de majuelo {aa 50 cent. cúbicos

Tintura de muérdago 5 cent. cúbicos Tintura de escila 3 cent. cúbicos

que combate el ruido del galope

Las estaciones rehacen malla a malla su red que resplandece con el agua viva de mis ojos Y en esa red todo lo que he visto es la espiral de una fabulosa caracola Que me recuerda la ejecución en recinto cerrado del emperador Maximiliano Y todo lo que he amado es la rama más alta del árbol de coral que será fulminado Es la estilográfica del reloj de sol a las doce en punto de la noche Lo que conozco bien lo que conozco tan poco que préstame tus garras viejo delirio Para alzarme con mi corazón a lo largo de la catarata Los aeronautas hablan de la eflorescencia del aire en invierno

Versión de Manuel Álvarez Ortega

Silueta de paja

A Max Ernst

Dame joyas de ahogadas Dos pesebres Una cola de caballo y una manía de modista Después perdóname No tengo tiempo de respirar Soy un destino La construcción solar me ha retenido hasta ahora Y ahora sólo tengo que dejarme morir Pide el baremo Al trote con el puño cerrado sobre mi cabeza que suena Un fanal en donde se abre una mirada amarilla También se abre el sentimiento Pero las princesas se agarran al aire puro Tengo necesidad de orgullo Y de algunas gotas comunes Para calentar la marmita de las flores enmohecidas Al pie de la escalera Divino pensamiento en el cristal estrellado del cielo azul La expresión de las bañistas es la muerte del lobo Tenme por amiga La amiga de los hogueras y los hurones Te mira en dos veces Lee tus penas Mi remo de palisandro hace cantar tus cabellos Un sonido palpable abandona la playa Negra por la cólera de las sepias Y roja junto a la banderola

Versión de Manuel Álvarez Ortega

Sueño que te veo superpuesta indefinidamente a ti misma…

Sueño que te veo superpuesta indefinidamente a ti misma Estás sentada sobre el alto taburete de coral Delante de tu espejo siempre en su cuarto creciente Dos dedos sobre el ala de agua del peine Y al mismo tiempo Regresas de un viaje te quedas la última en la gruta Resumante de relámpagos No me reconoces Estás tendida en el lecho te despiertas o te duermes Te despiertas donde te dormistes o en cualquier otra parte Estás desnuda todavía rebota la bala de saúco Mil balas de saúco murmuran sobre ti Tan ligeras que en cada instante tú las ignoras Tu aliento tu sangre salvados de la loca juglaría del aire Atraviesas la calle los coches que sobre ti se lanzan no son más que sombras Y la misma Niña Presa en un fuelle de lentejuelas Saltas a la comba Bastante tiempo para que aparezca en lo alto de la escalera invisible La única mariposa verde que frecuenta las cimas de Asia Acaricio todo lo que fue tuyo En todo lo que debe serlo aún Oigo silbar melodiosamente Tus brazos innumerables Serpiente única en todos los árboles Tus brazos en cuyo centro gira el cristal de la rosa de los vientos Mi fuente viva de Sivas

Versión de Manuel Álvarez Ortega

Todo el paraíso no está perdido

Los gallos de roca pasan dentro del cristal Defienden el rocío a golpes de cresta Entonces la divisa encantadora del relámpago Desciende sobre la bandera de las ruinas La arena no es más que un reloj fosforescente Que da la medianoche Por los brazos de una mujer olvidada Sin refugio girando por el campo Erguida en las aproximaciones y en los retrocesos celestes Es aquí Las sienes azules y duras de la quinta se bañan en la noche que calca mis imágenes Cabelleras cabelleras El mal adquiere fuerzas muy cerca Solamente se valdrá de nosotros

De “Claro de tierra” 1923 Versión de Manuel Álvarez Ortega

Un hombre y una mujer absolutamente blancos

En el fondo de la sombrilla veo a las maravillosas prostitutas Con su vestido un poco ajado junto al farol color de los bosques Se pasean con un gran pedazo de papel mural Como no se puede contemplar sin que se oprima el corazón los viejos pisos de una casa en demolición O una concha de mármol blanco desprendida de una chimenea O una red de esas cadenas que detrás de ellas se enredan El gran instinto de la combustión se apodera de las calles donde ellas permanecen Como flores asadas Los ojos levantando a lo lejos un viento de piedra en los espejos Mientras se abisman inmóviles en el centro del torbellino Nada iguala para mí el sentido de su pensamiento desaplicado La frescura del arroyo en el que sus botines mojan la sombra de su pico La realidad de esos puñados de heno cortado en donde desaparecen Veo sus senos que ponen una punta de sol en la noche profunda Donde el tiempo de inclinarse y erguirse es la única medida exacta de la vida Veo sus senos que son estrellas sobre olas Sus senos en los que llora para siempre la invisible leche azul

Versión de Manuel Álvarez Ortega

Unión libre

Mi mujer de cabellera de llamas de leña De pensamientos de relámpagos de calor De talle de reloj de arena Mi mujer de talle de nutria entre los dientes del tigre Mi mujer de boca de escarapela y de ramo de estrellas de última magnitud De dientes de huellas de rata blanca sobre la tierra blanca De lengua de ámbar y de cristal frotados Mi mujer de lengua de hostia apuñalada De lengua de muñeca que abre y cierra los ojos De lengua de piedra increíble Mi mujer de pestañas de palotes de escritura de niño De cejas de borde de nido de golondrina Mi mujer de sienes de pizarra de tejado de invernadero y de vaho de cristales Mi mujer de hombros de champán Y de fuente con cabezas de delfines bajo el hielo Mi mujer de muñecas de cerillas Mi mujer de dedos de azar y de as de corazones De dedos de heno cortado Mi mujer de axilas de marta y de encinas De noche de San Juan De alheña y de nido de escalarias De brazos de espuma de mar y de esclusa Y de mezcla del trigo y del molino Mi mujer de piernas de bobina De movimientos de relojería y de desesperaci6n Mi mujer de pantorrillas de médula de saúco Mi mujer de pies de iniciales De pies de manojos de llaves de pies de calafates que beben Mi mujer de cuello de cebada imperlada Mi mujer de garganta de Valle de oro De cita en el lecho mismo del torrente De senos de noche Mi mujer de senos de pinera marina Mi mujer de senos de crisol de rubíes De senos de espectro de la rosa bajo el rocío Mi mujer de vientre de apertura de abanico de los días De vientre de zarpa gigante Mi mujer de espalda de pájaro que huye vertical De espalda de mercurio De espalda de luz De nuca de piedra rodada y de creta mojada Y de caída de un vaso en el que se acaba de beber Mi mujer de caderas de lancha De caderas de lucerna y de plumas de flecha Y de tallos de pluma de pavorreal blanco De balanza insensible Mi mujer de muslos de greda y de amianto Mi mujer de muslos de lomo de cisne Mi mujer de muslos de primavera De sexo de gladiolo Mi mujer de sexo de placer y de ornitorrinco Mi mujer de sexo de alga y de bombones antiguos Mi mujer de sexo de espejo Mi mujer de ojos llenos de lágrimas De ojos de panoplia violeta y de aguja inmantada Mi mujer de ojos de llanura Mi mujer de ojos de agua para beber en prisión Mi mujer de ojos de leña siempre bajo el hacha De ojos de nivel de agua de nivel de aire de tierra y de fuego

Versión de Manuel Álvarez Ortega

Unión libre (otra versión)

Mi mujer con cabellera de llamaradas de leño con pensamientos de centellas de calor con talle de reloj de arena mi mujer con talle de nutria entre los dientes de un tigre mi mujer con boca de escarapela y de ramillete de estrellas de última magnitud con dientes de huella de ratón blanco sobre la tierra blanca con lengua de ámbar y vidrio frotados mi mujer con lengua de hostia apuñalada con lengua de muñeca que abre y cierra los ojos con lengua de piedra increíble mi mujer con pestañas de palotes escritos por un niño con cejas de borde de nido de golondrina mi mujer con sienes de pizarra de techo de invernadero y de cristales empañados mi mujer con hombros de champaña y de fuente con cabezas de delfines bajo el hielo mi mujer con muñecas de cerillas mi mujer con dedos de azar y de as de corazón con dedos de heno segado mi mujer con axilas de marta y de bellotas de noche de San Juan de ligustro y de nido de escalarias con brazos de espuma de mar y de esclusa y de combinación de trigo y molino mi mujer con piernas de cohete con movimientos de relojería y desesperación mi mujer con pantorrillas de médula de saúco mi mujer con pies de iniciales con pies de manojos de llaves con pies de pájaros en el momento de beber mi mujer con cuello de cebada sin pulir mi mujer con garganta de Valle de Oro de cita en el lecho mismo del torrente con senos nocturnos mi mujer con senos de montículo marino mi mujer con senos de crisol de rubíes con senos de espectro de la rosa bajo el rocío mi mujer con vientre de apertura de abanico de los días con vientre de garra gigante mi mujer con espalda de pájaro que huye en vuelo vertical con espalda de azogue con espalda de luz con nuca de canto rodado y de tiza mojada y de caída de un vaso en el que acaban de beber mi mujer con caderas de barquilla con caderas de lustro y de plumas de flecha y de canutos de pluma de pavo real blanco de balanza insensible mi mujer con nalgas de greda y amianto mi mujer con nalgas de lomo de cisne mi mujer con nalgas de primavera con sexo de gladiolo mi mujer con sexo de yacimiento aurífero y de ornitorrinco mi mujer con sexo de alga y de viejos bombones mi mujer con sexo de espejo mi mujer con ojos llenos de lágrimas con ojos de panoplia violeta y de aguja imantada mi mujer con ojos de pradera mi mujer con ojos de agua para beber en prisión mi mujer con ojos de bosque eternamente bajo el hacha con ojos de nivel de agua de nivel de aire de tierra y de fuego

De “L ’Union libre” Versión de Aldo Pellegrini

Violeta Nozières

Todas las cortinas del mundo corridas sobre tus ojos En vano Delante de su cristal hasta el agotamiento Estirarán el arco maldito de la ascendencia y la descendencia Tú no te pareces a nadie vivo ni muerto Mitológica hasta la punta de las uñas Tu prisión es la boya a la que se intentan agarrar en su sueño Todos vuelven ella los abrasa Como se remonta al origen de un perfume en la calle Dividen a escondidas tu itinerario La bella alumna del liceo Fénelon que amaestraba murciélagos en su pupitre La nevadilla de la pizarra Alcanza la morada familiar donde se abre Una ventana moral en la noche Los padres una vez más se santiguan por su hija Han puesto el cubierto sobre la mesa de operaciones El buen hombre es negro para mayor verosimilitud Mecánico se dice de trenes presidenciales En un país de miseria donde el jefe supremo del Estado Cuando no viaja a pie por miedo a las bicicletas Sólo tiene prisa en tirar de la señal de alarma para ir a retozar en camisa sobre el talud La excelente mujer ha leído a Corneille en el libro escolar de su hija Mujer francesa lo ha comprendido Lo mismo que su apartamento comprende un singular cuarto de desahogo Donde brilla misteriosamente una prenda íntima No es de las que se guardan riéndose veinte francos en la media El billete de mil cosido en el dobladillo de su falda Le asegura una rigidez precadavérica Los vecinos están contentos En todas las partes de la tierra Contentos de ser vecinos

La historia dirá Que el señor Nozières era un hombre previsor No sólo porque había ahorrado ciento sesenta y cinco mil francos Sino porque había elegido para su hija un nombre en cuya primera parte se puede discernir psicoanalíticamente su programa La biblioteca de cabecera quiero decir la mesilla de noche No tiene después de eso más que un valor de ilustraci6n

Mi padre olvida algunas veces que soy su hija El perdido A la vez teme y sueña traicionarse Palabras encubiertas como una agonía sobre el musgo El que dice haberlas oído de tu boca desafía a todo lo que vale la pena ser desafiado Esta especie de ánimo es ahora lo único Que nos compensa de un montón de rastrojo cerca de un cenador de capuchinas Que ya no existe Cenador bello como un cráter

Pero qué auxilio Otro hombre a quien tú dabas parte de tu angustia En un lecho un hombre que te había pedido el favor El don siempre incomparable de la juventud Recibió tu confidencia entre tus caricias Era necesario que fuera desconocido ese pasajero Hacia ti sólo supo hacer volar una bofetada en medio de la blanca noche

Lo que abandonabas Sólo podías perderlo en brazos del azar Que hace tan fluctuantes los fines de siesta de París en torno a la mujeres de ojos de cristal enloquecido Entregadas al gran deseo anónimo Al cual forma maravillosamente únicamente Silenciosamente eco Para nosotros el nombre que tu padre te dio y te arrebató

Resbalamos allí donde se posó tu alto tacón de azúcar

Es igual que tengan o no la apariencia de no estar conformes Ante tu sexo alado como una flor de las Catacumbas Viejos estudiantes periodistas podridos falsos revolucionarios curas jueces Abogados vacilantes Saben muy bien que toda jerarquía termina ahí

Sin embargo un muchacho te esperaba enigmáticamente en una terraza de café Ese muchacho que en el Barrio Latino vendía al parecer entretanto La Acción francesa Deja de ser mi enemigo puesto que tú le amabas Hubiérais podido vivir juntos aunque sea tan difícil vivir con su amor Te escribió al partir Malvada querida Al menos es bonito Hasta para el mejor informado el dinero infantil no es más que la espuma de la ola

Mucho tiempo después de la caballería y de la caballería de los perros Violeta El encuentro no será poéticamente más que una mujer sola entre la inhallable espesura del Champs-de-Mars Sentada con las piernas en X sobre una silla amarilla

Versión de Manuel Álvarez Ortega