Todas las cortinas del mundo corridas sobre tus ojos En vano Delante de su cristal hasta el agotamiento Estirarán el arco maldito de la ascendencia y la descendencia Tú no te pareces a nadie vivo ni muerto Mitológica hasta la punta de las uñas Tu prisión es la boya a la que se intentan agarrar en su sueño Todos vuelven ella los abrasa Como se remonta al origen de un perfume en la calle Dividen a escondidas tu itinerario La bella alumna del liceo Fénelon que amaestraba murciélagos en su pupitre La nevadilla de la pizarra Alcanza la morada familiar donde se abre Una ventana moral en la noche Los padres una vez más se santiguan por su hija Han puesto el cubierto sobre la mesa de operaciones El buen hombre es negro para mayor verosimilitud Mecánico se dice de trenes presidenciales En un país de miseria donde el jefe supremo del Estado Cuando no viaja a pie por miedo a las bicicletas Sólo tiene prisa en tirar de la señal de alarma para ir a retozar en camisa sobre el talud La excelente mujer ha leído a Corneille en el libro escolar de su hija Mujer francesa lo ha comprendido Lo mismo que su apartamento comprende un singular cuarto de desahogo Donde brilla misteriosamente una prenda íntima No es de las que se guardan riéndose veinte francos en la media El billete de mil cosido en el dobladillo de su falda Le asegura una rigidez precadavérica Los vecinos están contentos En todas las partes de la tierra Contentos de ser vecinos
La historia dirá Que el señor Nozières era un hombre previsor No sólo porque había ahorrado ciento sesenta y cinco mil francos Sino porque había elegido para su hija un nombre en cuya primera parte se puede discernir psicoanalíticamente su programa La biblioteca de cabecera quiero decir la mesilla de noche No tiene después de eso más que un valor de ilustraci6n
Mi padre olvida algunas veces que soy su hija El perdido A la vez teme y sueña traicionarse Palabras encubiertas como una agonía sobre el musgo El que dice haberlas oído de tu boca desafía a todo lo que vale la pena ser desafiado Esta especie de ánimo es ahora lo único Que nos compensa de un montón de rastrojo cerca de un cenador de capuchinas Que ya no existe Cenador bello como un cráter
Pero qué auxilio Otro hombre a quien tú dabas parte de tu angustia En un lecho un hombre que te había pedido el favor El don siempre incomparable de la juventud Recibió tu confidencia entre tus caricias Era necesario que fuera desconocido ese pasajero Hacia ti sólo supo hacer volar una bofetada en medio de la blanca noche
Lo que abandonabas Sólo podías perderlo en brazos del azar Que hace tan fluctuantes los fines de siesta de París en torno a la mujeres de ojos de cristal enloquecido Entregadas al gran deseo anónimo Al cual forma maravillosamente únicamente Silenciosamente eco Para nosotros el nombre que tu padre te dio y te arrebató
Resbalamos allí donde se posó tu alto tacón de azúcar
Es igual que tengan o no la apariencia de no estar conformes Ante tu sexo alado como una flor de las Catacumbas Viejos estudiantes periodistas podridos falsos revolucionarios curas jueces Abogados vacilantes Saben muy bien que toda jerarquía termina ahí
Sin embargo un muchacho te esperaba enigmáticamente en una terraza de café Ese muchacho que en el Barrio Latino vendía al parecer entretanto La Acción francesa Deja de ser mi enemigo puesto que tú le amabas Hubiérais podido vivir juntos aunque sea tan difícil vivir con su amor Te escribió al partir Malvada querida Al menos es bonito Hasta para el mejor informado el dinero infantil no es más que la espuma de la ola
Mucho tiempo después de la caballería y de la caballería de los perros Violeta El encuentro no será poéticamente más que una mujer sola entre la inhallable espesura del Champs-de-Mars Sentada con las piernas en X sobre una silla amarilla Versión de Manuel Álvarez Ortega