Las delicadas espaldas del sueño remontan rojas el océano,
nubes de densidad calurosa al extremo del día abovedado,
el mar en esta brisa de verano. La más difusa música, en el sueño,
la visión más intensa, las olas prolongadas y el sol y los pinos
giran con esas olas y ese aire que él sueña. Las nubes son su espalda.
Ni el sol ni la mañana serán ya que para él un sol o una mañana o un azul ilusorios.
De “Clima” 1978