El libro, tras la duna V

El libro, tras la duna V

Cada día, una página del desplegado libro de la luz se entregaba a mis ojos. ¡Fulgurante blancura pisada por los pasos del niño que corría sobre los médanos solares! Luego, sobre la hierba, restañaban las heridas manantes.

Oh renacida claridad, aprendí pronto a amar, cerca de los naranjos, la pedrería de la luz, el sol cortado por las hojas en la hierba, multiplicados soles diminutos en el agua sencilla, en el estanque y en las claras acequias. Aprendía.