Los pies desnudos en la tierra, sobre las uvas para el vino de noviembre, sobre las piedras del barranco seco, sobre la luz y su deshacimiento.
El pie dejaba su huella por los mundos, se manchaba con el limo solar. En las acequias se lavaba tan solo para poder ser uno con el sol.
Pisaba el pie la luz.
El sol tenía la anchura del pie humano.