Ha quedado todo al fin recogido: vida, sueño. Hasta la carcoma duerme con sus monólogos secos.
El reloj en la pared y en el tic-tac mi miedo como pisadas que vienen a marcar más los silencios.
Lo mismo todas las noches. En voz baja por el precio de mi muerte con la muerte discuto. Nunca hay acuerdo.
Y al despuntar, como amigos nos deseamos los buenos días y para esa misma noche quedamos en vernos.
Silencio de los pianos y de los sonidos negros. “La vida fácil” 1985