En las lluviosas tardes de noviembre de pesadumbre llenas, con un libro de románticas rimas que habla de hojas secas me siento a ver el fuego junto a la chimenea. En esas cortas tardes otoñales, poca la luz de perla en el salón, a solas, sin testigo, las cosas se sombrean con azulado tedio de indefinible esencia. ¡Veladas de borroso calendario y avara somnolencia, de vacíos laureles y jardines, agrias tardes eternas que tienen del olvido la misteriosa rueca! “La vida fácil” 1985