En esta inmensidad la voz oscura y misteriosa de las aves nocturnas tiene un temblor de sombras y su cantar se funde con el profundo discurrir del río. En el silencio verdeoscuro y fresco, el agua de una fuente, los rumores y el eco, el calor de una noche de verano.
Europa queda lejos de estas blancas adelfas, de esta luna, de la radio que oímos no sé dónde, de la lejana música que mueve, como visillo, el viento. Una turbia falena se quema en la bombilla y su chinesca sombra anima la terraza y una estrella fugaz cruza después el cielo y un deseo: -Quédate entre nosotros y no vuelvas. “Junto al agua” 1980