Para Carlos Pujol
Como el llover doblaba aquel piano mi soledad y en su cristal caía. Eran lentas las notas que llegaban hasta el torpe temblor de la hojarasca.
Sonaba a sombras frías esa tarde, el laurel y la yedra, el pozo, el aire, pero más dulce que el paisaje era aquella melodía para nadie.
Yo la escuchaba atento y nada oía salvo las gotas repicar monótonas. Penumbrosa canción que en sí encerraba al rosal, al mastín, al que naufraga.
Al que va peregrino no sabiendo y a aquel que recorrió todo el camino y ya nada le queda. Misteriosa canción de viento, de hojarasca y miedo. […]
Lo que era jardín en la ventana es noche al fin, espesa y negra noche, y este silencio un eco también negro de lo que no sonaba.
“El mismo libro” 1989