Quién tuviera todavía...

Quién tuviera todavía…

Quién tuviera todavía aquella suave elegancia de rimar Francia y fragancia como Lamartine hacía.

Quién tuviera todavía en el cristal de los ojos un bergantín viajero con el amor verdadero de los crepúsculos rojos. La vieja melancolía de cerrados caserones junto a abandonados huertos y de los sonidos muertos que tienen los esquilones la muerta melancolía.

Quién pudiera todavía vagar como los vilanos en deriva silenciosa hasta la fosa y si estuviera en mis manos, quién pudiera todavía morir de melancolía.

“La vida fácil” 1985