(Sobre de un tema de Anacreonte)
Pienso que tú, y el sueño me envanece, una muchacha sólo, vendrás hacia mi encuentro preguntando por mí. Juegas con una rama de mirto y da tu pelo, como rosa, leve sombra a tu espalda.
Mas yo, después de tanto tiempo solo, ¿cómo sabré besarte sin que dejes de jugar con tu rama, sin que mis manos borren la sombra de esos pétalos?
Es, pues, mejor que sigas vagando por mi sueño. No quieras ser real ni vengas hasta mí. Vete, muchacha. Hay todo un mar enfrente de las ruinas. “Acaso una verdad” 1993