Esta flor mía, viva luz sin reflejo, ahogada en ella misma, bebiéndose a mi sombra su más íntima savia, su perfume más puro, sintiendo en cada pétalo, la clausura del aire y el secuestro del agua, de la nube, del árbol…
Esta flor mía, encendida, consumiéndose sola, muerta en su propia música, apretada en su tallo, quebrado ya de angustia; quemándose a sí misma, en tanto que la tierra desnuda su ternura y es más ancha la vida, y el canto, y la mañana…