Isla en el tacto

Isla en el tacto

I Cosida al mar y al viento por puntuadas olas a puro sol prendida, tu perfil, isla mía, tu contorno en el agua con tu constante litoral dibujas revuelto hacia la luz y hacia la espuma, hacia el húmedo mundo clamoroso donde pierden la tierra y el árbol sus fronteras, donde encuentra el azul su razón en los mapas y se disuelve en sal la geografía.

II Soledad por tu sol y por tu ola: isla sola: sol y ola confundidos ciñendo, acariciándote la piel mulata de la costa, la femenina piel, fragante de tabaco, y la piel de la playa, cálida y temblorosa con su arena de azúcar.

III En ti misma comienza y se reanuda la línea en movimiento de tus bordes inmóviles, ese voluptuoso límite que recorre tu dimensión exacta y aprieta con su júbilo tu verde desnudez estremecida. En ti nace y renace, ondulante rodeando tu náutica estructura, esa inundada sombra flotadora, esa flotante sombra sumergida que marca tu presencia en el sitio preciso donde el agua seca las vestiduras de su viaje marítimo y se detiene el aire para lavar su túnica.

IV Isla mía, resonante, naviera y vegetal a la deriva. Cañaveral velamen extendido de líquida, musical transparencia. Sonora y descubierta caracola de sol y mar y viento traspasada. Palmar de verdes puntas de sonidos del aire dueño y de la enredadera. Amo y recorro al tacto tu ámbito circundado de acústica intemperie, tu ámbito en que despliega la luz de su canción el oleaje. Ola en la luz, luz rota en la ola: Ola, ala de sal que interminable vuela en tu cielo terrestre; luz, ala de sol que cubre tu dimensión celeste. Ola y luz en una única canción que sin cesar afila su fragancia en los clamores de los arrecifes.

V Desde todos sus pétalos la rosa de los vientos desde todas sus hojas olas de verdeazul lanza cada segundo sobre tu acantilado relieve de desnuda y abierta geometría. Desde qué edad remota, desde qué día sin año, isla mía sonora, ya en su oficio sin pausa lanza la rosa insomne olas prefabricadas, en serie, arquitectónicas, con sus crestas perfectas, con su lote de espumas, con su rumor secreto de amante silencioso, con su clamor de enfurecido amante, con su caricia apenas insinuada, con su látigo sordo, su lenta cuchillada, su constante golpear, ese ceñir sin tregua con sus líquidas manos, con sus dedos de espumas la extensión que se alarga, se cierra, se despliega, la extensión que está anclada en su firme frontera submarina, esa incansable, ciega, salvaje, tierna, dominante costumbre de no cesar de no cesar de no cesar en el ardiente ceñir de tu collar de olas.