Con la siniestra mano

Con la siniestra mano

Concededme, dioses, que escriba con la siniestra mano, pero no le concedáis destreza. Que ella sola se afane en enseñarme, que las líneas

que trace sean, como las rimas, tortuosas; que una letra pueda leerse, indiferentemente, como una alabanza, un vituperio a vuestros gestos inmortales de dioses o de diosas; que los versos inhábil- se entrecrucen

como vuestras miradas y silencios; y, así, tan lentamente

como vuestras auroras y ocasos, vaya sumando mundo esa torpe escritura: recobrando azul para el cielo (que no era luz), y el temblor de las aguas (del pozo de los pozos), y en todo, y lo demás, la sed perdida (en sus cauces nacientes); y cuando ya mis líneas quiera enderezarse -ya adiestrada mi torpe adrede mano-, volváis los ojos displicentes para que yo quiera deciros no sabré con qué mano.