Cuando te quedas solo, eres espejo de lo que fuiste: una mañana contemplada desde el balcón entornado; unos pasos armoniosos que no has seguido para no derramar tu gozo; unas cuantas palabras que te cambiaron más que el tiempo; una mirada que se ahogó como luz en tus venas; un viaje que nunca querías terminar; tu alma ausente de lo que te esperaba al quedarte tan solo.
El muro
El peregrino llega junto al muro, ya sin aliento, apoya el él las manos y la frente, buscando refrigerio:
mas pronto las aparta, que unas manos y una encendida frente lo sostienen del otro lado.
El viento se ha quedado quieto…
El viento se ha quedado quieto cabe las ramas, y me acecha con ojos encendidos. ¿Qué me recuerda -o me recuerdas-? No sabría adivinarlo. Y caen las hojas que consume la hoguera.