Las sombras van cayendo como un regalo de los dioses, el más generoso, pues son de sus incorruptibles cuerpos y de sus almas inmortales imagen; y no nos piden nada a cambio de este espejo en el que todo encuentra su unidad de nuevo, es otra vez, y cada vez, como un latido hecho de movimiento y de quietud, el puro pensamiento que se esconde de sí mismo, acosado por la luz.