Merced a ti la flor del aire es oro, oro es la flor del trigo; y la amapola roja, rubia flor, pariente del oro.
Enloqueciendo al aire y a lo escondido de la tierra, haciendo caer lluvias amarillas sobre las matrices del agua, atas al monte con un nudo de oro.
Sube el polen los escalones arriesgados del aire con alas músicas, con trinos más libres que de pájaros, como el oro le trina al oro.
Y la cabellera te sueltas, rubia y casta, diosa desnuda, que acaricia al caer tu sexo: y un espasmo corre en la espalda bajo las olas locas de oro.
Una bandada de palomas, grajas o ciervos, amarillos, he visto en sueños: sus pupilas, que me miraban fijamente, despedían chispas de oro.