¿En qué jardín sembrar una rosa de Francia? ¿A que follajes confiar una estatua de Ceres la rubia, un bronce del Verrocchio, una matita de verbena?
¿Puede ascender sobre estos pastos un quinteto de oboes, o bien una gentil perdiz que podríamos llevar al lienzo?
¡Ah! ¿Dónde crece el laurel oloroso, dónde canta al oído el agua, dónde unas columnas caídas que sonrían sin una mueca?
La distancia se me convierte en un reino redondo y cristalino, a través del cual una mano ofrece a mi cansancio sus sortijas.