Romper quiero tu bulto para que al menos vengas enojada, y la injuria me haga escuchar tu voz antes de aniquilarme.
Hecho añicos, deshecho su volumen, que mide en mí toda la distancia y todo tiempo, en piedras que insinúan el giro
delicado de un pie, de un lóbulo la flor turbadora, de un seno la frutilla salvaje, clamará por ti, odiosa.
Y tú vendrás, si vienes, no con ramas de olivo, sí con ojos, que dicen verdes, en que quizás, antes de que me ciegues
y enmudezcas, yo mire la ardiente luz oscura que me sigues negando cuando pongo una flor entre esos pechos duros.