La niña descoloría

La niña descoloría

Pálida está de amores mi dulce niña: ¡nunca vuelven las rosas a sus mejillas!

Nunca de amapolas o adelfas ceñida mostró Citerea su frente divina. Téjenle guirnaldas de jazmín a sus ninfas, y tiernas violas Cupido le brinda.

Pálida está de amores mi dulce niña: ¡nunca vuelven las rosas a sus mejillas!

El sol en su ocaso presagia desdichas con rojos celajes la faz encendida. El alba en oriente más plácida brilla; de cándido nácar los cielos matiza.

Pálida está de amores mi dulce niña: ¡nunca vuelven las rosas a sus mejillas!

¡Qué linda se muestra si a dulces caricias afable responde con blanda sonrisa! Pero muy más bellas al amor convida si de amor se duele, si de amor respira.

Pálida está de amores mi dulce niña: ¡nunca vuelven las rosas a sus mejillas!

Sus lánguidos ojos el brillo amortiguan; retiemblan sus brazos: su seno palpita; ni escucha, ni habla, ni ve, ni respira; y busca en sus labios el alma y la vida…

Pálida está de amores mi dulce niña: ¡nunca vuelven las rosas a sus mejillas!

Decidme, zagales, ¿qué fuerza tendrán los ojos de Lesbia, que así me hacen mal? Desde que los vide ni sé descansar; perdí mi reposo, no puedo parar. Sin duda que fuego oculto tendrán, pues, cuando me miran, me siento abrasar. Mas no da este fuego incomodidad, sino solamente… no lo sé explicar. Decidme, zagales, ¿qué fuerza tendrán los ojos de Lesbia, que así me hacen mal?