Cuando toco tu mano siento el río de las madres, el agua y sus veneros, la siembra por hacer y los aperos de mi labranza muerta en calorfrío.
Cuando toco tu piel, todo el rocío, la madre tierra, campa por sus fueros, y en mi sangre los altos aguaceros domeñan sus furores al estío.
Porque al tocar los surcos de tu mano siento una voz que llama a la faena desde la tierra virgen del cortijo.
De hacer feraz la tierra de secano talando por el tallo la azucena que adornará la cuna de mi hijo.