Entonces

Entonces

Entonces, en los atardeceres de verano, el viento traía desde el campo hasta mi calle un inestable olor a establo

y a hierba susurrante como un río

que entraba con su canto y con su aroma en las riberas pálidas del sueño.

Ecos remotos, sones desprendidos de aquel rumor, hilos de una esperanza poco a poco deshecha, se apagan dulcemente en la distancia:

ya ayer va susurrante como un río

llevando lo soñado aguas abajo, hacia la blanca orilla del olvido.