(Y en elogio de L. F. de Moratín)
Y si tú fueras un hombre de bien (que no lo eres) vendrías a mezclarte conmigo en las afueras de Argel o de Venecia para besar “insieme il sacro piede e admirare le spaventose meraviglie superbe della antichitá…” como cantar solían los poetas. Pero no eres hombre de bien. Oh, si lo fueras.
De “La canción del olvido” 1985