La cólera de un viento

La cólera de un viento

Dormir algunas veces cuesta mucho. Lo digo por el whisky doble y por los calcetines que preciso y por cómo arrancaste mi foto de tu cuarto, con aquella amargura en los labios crispados. Desde entonces yo trato de imitarte: pongo cara de cínica, troceo tu corbata, y vuelvo indiferente la almohada. Vano intento. Guardarte en un capítulo. Como meter el mar en un pobre agujero. Y aquí sigo en la playa, con mi pala, mi cubo… tan sola ya, tan roto el uniforme…

De “La guerra de los treinta años” 1989