Aquí, los tuyos piensan mucho en tu peinado… C. Vallejo
Imaginando que un tren habrá llegado a su destino -ese tren que te acerca- que en el andén, sobresaltados, tus ojos se espabilan, el reloj se impacienta.
O así me lo imagino: que un taxi llega siempre al amor mío -cada hora te acerca- que tus besos encuentran el balcón, mi vestido te anuncia, el corazón se alerta.
Quiero decir, sabiendo que cruzaste la calle, que el ascensor te reconoce -y el giro de la llave- que los zapatos te abandonan, que tu camisa ha visto el último botón de mi camisa.
Y dando por supuesto que en la alfombra se aplasta un cigarrillo sobre una quemadura irreparable…
Mira que eres desastre.
De “La canción del olvido” 1985