Todas las cosas que me han sido familiares, esperanza y dolor, ternura y odio, las leyes que regían nuestros nombres, no me conocen ya ni las conozco. Las palabras más limpias que aprendí, amor y paz, yacen ensangrentadas cerrando los caminos. Los discursos más vivos, más honestos han caído manchados y arrastrados por los suelos. Ninguna palabra sobrevivió a nuestra historia. Y en un río que pudre hasta los mares, cínicos y homogéneos nadamos y guardamos la ropa.