Yo te doy gracias, Amor, de toda pena y tormento, y de hoy más estoy contento de todo dolor. Contento estoy de cuanto he podido sufrir, Señor, en tu hermoso reino; ya que por tu merced, sin mérito mío, me has dado tan gran prenda, ya que me has hecho digno de tan bienaventurada sonrisa, que al paraíso ha llevado mi corazón.
Yo te doy gracias, Amor. Al paraíso mi corazón han llevado los bellos ojos risueños, donde yo te vi, Amor, estar escondido con tus llamas ardientes. ¡Oh, lindos ojos lucientes que el corazón me habéis quitado!
Yo te doy gracias, Amor. Ya temía yo por mi vida: Mi señora vestida de blanco con sonrisa amorosa me socorrió gozosa, bella y honesta: Matizada tenía la cabeza de rosas y alhelíes, y sus ojos al sol vencen en su esplendor. Yo te doy gracias, Amor.
Versión de Carlos López Narváez