Bien que te gustaría confiésalo lanzarte de bruces al abismo devorar para siempre esas terribles ganas que humedecen tus sueños y en tus pechos habitan enjauladas…
Dale suelta a ese inmenso poder embalsamado momia viviente abre las compuertas: verás cómo florecen dos volcanes en el lugar que el hielo cerrara la clausura y perdiera la llave… Encárate al ariete que reclama en tu puerta la entrada por lo menos en cada primavera: verás cómo te llenas de caballos salvajes y de luz que produzcan tus turbinas de sangre…
Pero, antes, mastica la medalla de dirección prohibida que cuelga de tu cuello.
Marzo, 1970