Un fotógrafo fue quien cogió, al vuelo de los pasos del rock, como un espía de convenios de amor, la simetría reciente de tú y yo: baile en un cielo.
Ya frente a la inminencia del pañuelo del adiós prometimos: sólo había que esperar que picase en el anzuelo la hora de recobrar la compañía.
Mas todo se ha quedado en el tintero: nuestro común proyecto de alegría y el concertado rumbo compañero.
Hoy yace nuestra fiel fotografía en un cajón -yo fui el sepulturero-: 6 x 9 de muerte de aquel día.
Mayo, 1963