Felicidades ante todo te elijo a ti la de la fila tercera casi al centro un poco a la derecha desde el espectador cabello rubio ni largo ni corto no es buena pista claro ni asimismo la de los dientes de conejo todas las yankis los tenéis no te lo tomes a mal la de los ojos la de los ojos tiernos de carnero miopes que yo ayer en el segundo banco a tu derecha con gabardina clara y cara de zapatos nuevos qué más te da: tú estarías a lo tuyo siguiéndole las yemas a miss eva…- que yo ayer y tu boca quisiera haber tenido para no mancillar. Sí, tú, la misma que vestía como todas pero de otra manera blusa blanca y falda hasta los pies Nobody knows ni tú que te miraba
yo -el de la voz tomada el descreído el sádico el mordaz el asesino- con miradas furtivas sin embargo cuajadas casi sólidos vistazos que yo quise fueran bolas de nieve almohadones de plumas como esas de vosotras cuarenta y siete ángeles de carne y hueso como todos los que han sido. Gracias por vuestras voces por tu voz unida entrelazada en la polifonía el oleaje que en la concha rompía del ábside románico. Gracias por ese amén que despertó mis hematíes estancados y gracias por ese aire que ahuyentó el incienso los rastreros madores de la pobre parroquia: las matabais cantando como quien lava albas con alegría manípulos amitos corporales sobrepellices sucios de santidad de mira me y no me toques Áuf! acallando los quiries gorigoris de feligreses cluecas con incluso el miserere que cerró la parte primera y me dejó tan boquiabierto. El miserere más alegre que jamás escuché pues te miraba y no queria perderme (por nada de este mundo) tu tan ingenuo júbilo escolar con el que me engañaste que aún me dura tu sonrisa canora y me contagia. Marzo, 1973