He metido las manos en el fuego...

He metido las manos en el fuego…

He metido las manos en el fuego por saber si era cierto su suplicio y supe -el si era o no lo supe luego- que el saber esperar ya no es mi oficio.

Y lo es desesperar, quiera o no quiera, y es el seguir no hallándote en lo oscuro de esto que llaman llanto por ahí fuera y yo de que es mi vida estoy seguro.

Y aunque tu mano tarda, a mí me duele como si no llegara nunca. ahora me entretengo en trenzar melancolía.

Después vendrá la pena como suele venir: para avisarme que es su hora; y el estar solo a hacerme compañía.

Enero de 1962