Nada queda de nuestro palomar blanco

Nada queda de nuestro palomar blanco

Nada queda de nuestro palomar blanco, donde sentimos el primer vértigo nada queda del almendro en el que imaginábamos lianas y éramos dos tarzanes nada queda de la tapia que el mundo dividía en territorio apache y en territorio sioux nada queda del cuarto de las ratas que olía a viejas historias y tampoco queda nada me han dicho de la terraza ni de la galeria de cristal donde el sol en invierno se acurrucaba como un gato nada queda de la escalera de caracol ya nada del jardín con castaños con acacias con ¿qué? donde aprendimos a montar en bicicleta nada queda de nuestra casa primera Hay una valla y detrás nada, los expertos han medido el terreno con sus metros cuadrados con sus gafas cuadradas han aojado el terreno con sus zapatos negros han sumado la tierra de nuestra infancia que hoy no tiene dónde meterse: está prohibido el paso a los ajenos a la obra.

Diciembre, 1970