Sosiego: luce el élitro bajo la piel de la manzana.
Es pulpa la tristeza, miel el dolor perdido: tener ahora delante la fuente de aquel bosque donde se baña la princesa y no echar de menos su blancura, el rezo de los enhiestos abedules ni el cascarón de vieja que cuida de los gansos. Luce sin resplandor justa tristeza, larguísima tristeza que a la lejana estrella nos une desde esta estancia en la que, sórdido, disfrazado de espacios, el tiempo nos engaña.
2 Algo trazó unas letras: el ruido fue, ayudando a un corazón turbado que se prolonga en dedos sobre una caja yerta que contiene dibujos: ( ) una reyerta entre raíces, desfIladeros tensos, vestiduras convulsas, damas en sepia, tenebrosos monjes, monstruosidades en madera. No hay silencio; rememorarlo se hace imposible: se escuchan fugas, cursos, desbocadas señales: no, el cristal no descansa. Y la melancolía ahoga a través del aire que se bebe el herbario, dueña se hace en el ámbito donde todo es ajeno
3 Algunas desoladas veces luce, débil: y lo que la sustenta -filo de vuelo, piedra mojada en sol, brote de primavera- vale para representarla, de vacíos que están los corazones desamueblados de ella.
Si no viniera a trozos o a relámpagos, ¡Cómo ibamos a cansarnos de repartirla! ¡Cómo bajo su lluvia íbamos a dejar la guarida!
¿1978?