Poeta negro, un seno de doncella te obsesiona poeta amargo, la vida bulle y la ciudad arde, y el cielo se resuelve en lluvia, y tu pluma araña el corazón de la vida.
Selva, selva, hormiguean ojos en los pináculos multiplicados; cabellera de tormenta, los poetas montan sobre caballos, perros.
Los ojos se enfurecen, las lenguas giran el cielo afluye a las narices como azul leche nutricia; estoy pendiente de vuestras bocas mujeres, duros corazones de vinagre. De “L’Ombilic des limbes” Versión de Aldo Pellegrini