Altos son estos páramos que cruzo, país de la intemperie. Las sabinas, con un pétreo porqué, han tejido sus ramas geológicas en conos de esmeralda que el aire ensucia y seca. La calima me roba el horizonte, encierra el llano abierto en la interrogación. ¿Son así, retraídos, estos árboles? ¿Es polvoriento el cardo? ¿No es de un lila inocente? ¿Es tan moroso el vuelo de las águilas? ¿No concluye? ¿Se ha apagado el charol de las cornejas? Siempre hay calima. Siempre estamos en la proximidad más engañosa. Estamos lejos aunque cerca estemos. Qué pobre mineral, qué poso tan estéril hay en lo comprendido. Existe un sitio adonde escapa todo. De “Con el aire” 2004