veces el amor tiene caricias frías, como navajas de barbero. Cierras los ojos. Das tu cuello entero a un peligroso filo de delicias.
Otras veces se clava como aguja irisada de sedas en el raso del bastidor: raso del lento ocaso donde un cisne precoz se somorguja.
En general, adopta una manera belicosa, de horcas y cuchillos, de lanza en ristre o de falcón en mano.
Pero es lo más frecuente que te hiera con ojos tan serenos y sencillos como un arroyo fresco en el verano.