Como en la muchedumbre de los besos tantos pierden relieve -sólo el beso inicial y el postrero por los labios recibidos perduran-, estas flores que el año nuevo entrega: Con el blanco del almendro en su abrigo contra el norte, la voz del macasar, no su presencia; hoy, esta rosa. ¿La aguardabas? Huele como la adolescencia y sus deseos. Pero en medio se abrieron las cidonias, los ciruelos, manzanos y perales, tantos y tantos, rojos, rosas, blancos, y apenas los mirabas: Como el gozo de unos brazos constantes de certeza te acogieron, te acogen, y recuerdas sólo el primer calor, sólo la boca que te ha dicho, al partir esta mañana: “No vuelvas tarde”.
Pasas por los campos: Entre las hojas con su verde intenso, aún canta la blancura de los pétalos. Es la felicidad que da sus trinos, sus trémolos, su leve melodía, sobre un bajo continuo de sosiego, de paz, de vuelta al labio no sabido en la forma, en la flor que te formule.