Como carne apretada a nuestros huesos nos envuelve el amor más solo y puro, que, apartados del mundo y su conjuro, vivimos un festín de fiebre y besos.
Este recinto prieto, donde presos unánimes nos damos un seguro. este campo solar y nido oscuro abona en gracia vida y embelesos.
Contagiados de mundo, sin embargo, lucha es la vida con caudal de grito, y a veces un sollozo y un letargo.
Y es que el dolor destroza nuestro mito y el dulce amor nos sabe tan amargo como la sed de un páramo infinito.
Fosa común de pájaros y fuentes eran tus ojos en la tarde ardida. Había un brillo cruel de luz mordida en tus labios sin besos y en tus dientes.
Ayer dos corazones coincidentes, hoy dos bordes sangrantes de una herida, mañana doble sombra de guarida de sierpes y de lobos impacientes.
Tú, aquí; él, por ahí: Porque no es buena la vida, no: No es justa y no es sagrada para quien muerde el fruto de la ciencia.
Esa ciencia que nace de la pena de no verse mirada en su mirada, pedir amor y recibir paciencia.