Cuentas de vidrio

Cuentas de vidrio

Así, rodado, crepitado, ungido, estarcido y flagrado, como derrama un niño cuenta y cuenta de vidrio en la sonora patena de la noche, te he entregado mi puño y mi tormenta y he nombrado como albacea la Aurora.

Agujas y sedales han cosido mi lengua al paladar, donde tú abrías ya no sé qué navajas o alegrías, qué sigilo mortal, qué luz de olvido.

No pido compasión; sangre te pido y músculos joyantes y agonías, devoradoras águilas, orgías y uñas escodadoras del sentido.

Y vivir y cantar y la condena cumplir de nuestro amor y ver la cima del monte más temible destrozada

por un súbito embate de carena, por una mano que la piedra oprima con el temblor sediento de la espada.

“Serenata y navaja” 1973