A Guillermo González
Evocar la palabra con que formé mis labios, las palabras, la música de un surtidor tendido: Pérfidos, jaspes, mármoles, columnas derribadas, capiteles y sueños, jazmines y celindos. ¿Y el azahar? ¿Y el aire que duele como un agua equivocada y tensa por las veras del río? y el pez de la memoria deslizándose, yéndose por palabras perdidas, con su rumor de niño.
La más humilde de todas, la más silente, no es el grosero alelí, no es la violeta campestre, sino el geranio, tan duro, sino el geranio que mueve sus ofrecidas umbelas entre el viento y las paredes. Tanto color en la flor, y las hojas cómo huelen.
Amenos valles, ríos de salud, sonrosados cielos de tarde -el ángel protector, más hermoso que la salud, sonríe-. La súbita ceguera se puebla de recuerdos. Es un dolor: Dejadme con la música a solas, que me vuelva la tierra del sol: que me despierte con la miel en los labios y la salud del alma.
¡Oh flor de España!, ¿qué no es flor en ti, si piedra, si estuco, si rocío, si muralla, si hiedra? toda interior, tú, patio de la vida serena. (Fantasía) No es canción ni lamento ni murmullo: trino que el corazón hiciera suyo. Trino sin voz, pero con alma y vuelo, las densas manos de un amor sin duelo. Las densas manos que desgranan ecos de espesos sueños y de pechos secos.
Guadalquivir abajo la agonía de un sol todo memoria y melodía.
Guadalquivir arriba suena un árbol gota de llanto que resbala en mármol.
No es blanco ni verde ni amarillo ni anaranjado; vence en blancura al jazmín, en tiempo a la magnolia, en fuego al querubín. Azahar, azahara, azahares sin fin.
Esta música, el ansia de más vida, ¿qué viola del cielo la ha vibrado? ¿Qué pensamiento entre la carne herida abrió su triste pétalo morado?
Qué corcel de rumor sin voz ni brida para su pétreo paso desbocado galopa por un cielo equivocado, neutra la estrella turbia o escondida?
Esta música llena de añoranza que no alcanza a colmar una esperanza, que tiene nombres pero está vacía
de presente, de amor, ¿qué melodía íntima la sostiene, qué sosiego quiere alcanzar, entre el dolor y el fuego?
El rumor de los pozos, negro en lo blanco, el rumor de los pozos, fresco en los labios,
el rumor de los pozos, Córdoba madre, el rumor de los pozos, negro en el aire.
Guillermo, estas palabras se alimentan de un recuerdo de música y jardines. Tú pusiste la música, que estaban los jardines soñándote, esperándote.
Gracias por tanta luz, por la belleza que tu pasión, que tu conocimiento, elevan como triunfo -doble arcángel: Albéniz, Falla-, en Córdoba, en mi vida.