Marina

Marina

Para Tito Flores Galindo

Un guardacaballo gigantesco reposa sobre el techo de mi casa. Sombra contra la luz y los cangrejos calientes del cantil. Es la frontera.

Más allá sólo existen la China y el Japón (suelo decir) aunque en verdad primero están los montes de coral. Y antes todavía

una recua de islotes en naufragio / blancos y viejos como esta misma orilla. Finisterre.

Las lizas argentadas y las lomas remontan la corriente de las aguas servidas. Y los pubis son agrios bajo el peso de las moscas zumbonas.

Banda del mar Pacífico que ninguno codicia. Una casa rosada, sus florones de yeso y un reloj.

Aquí estoy, en el límite exacto de la tierra. Las ratas del cantil son como acacias abiertas por la sal.

Finisterre. Los cirros y los cúmulos descienden en tropel de Pacasmayo y se demoran en el aire del Sur.

La isla del Frontón se bambolea como una vaca muerta a la puesta del sol. Y nada resta.

Vuela el guardacaballo sobre las olas. Se disuelve el paisaje y los navíos evitan esta costa imaginaria. _De “Propios como ajenos” Antología personal (pag. 200) Editorial Inca, Lima, Perú 1989_pag 200