Taberna

Taberna

En las tinieblas los cuerpos envejecen sin que nadie repare en el escándalo.

Un rostro amable y terso se confunde con los belfos que van hacia la muerte.

Por eso somos hijos de la noche a la puerta del templo. Un lamparín

es también el anuncio de reposo para los cazadores extenuados.

Una taberna, por ejemplo, es en la noche el frontispicio de las maravillas.

O al menos una luz en las colinas donde rondan los perros salvajes.

Nadie teme a la muerte adormecido en su mesa de palo y sin embargo

entre los altos vasos apacibles se enfría el corazón con la insolencia

(y el encanto tal vez) de un tigre adulto en la plaza del pueblo a pleno día.

Ninguna confidencia en verdad nos degüella. Ni la risa recuerda a un jabalí

de pelambre dorada y fino precio. El páncreas es un campo de ciruelas. Los diablos apagan la linterna. Aguardan (como suelen) donde cesa la luz. De “Propios como ajenos” Antología personal Editorial Inca, Lima, Perú 1989