¿Recuerdas todavía el débil canto del ruiseñor perdido en la enramada? Viste temblar conmigo aquella noche la copa del ciprés. Desmadejó el cielo hilos de luna por tu rostro. Pero después del pájaro y la luna se apagaron los astros. Vi pasar no sé qué brisa extraña por tu cuerpo. ¿Recuerdas nuestras manos en el agua? ¿Recuerdas el silencio sobre el campo y, como un dios sangrante, el nuevo día incendiando las torres, las palomas?