La città è morta, è morta S. Quasimodo
¿No tuviste bastante con morir una vez en la muerta ciudad, que vuelves otra vez entre sus cancerosos muros iluminados a veces por verdores putrefactos? ¿Quedan aún las brasas de los sueños ardidos en lugares y en labios que creiste hermosos? ¿Te niegas a aceptar que aquí estuvo el amor imaginando pájaros, desenterrando ruinas?
Llueve, llueve, y la música es negra en estas calles abarrotadas de crucificados que andan, de agonizantes que laboran, de insepultos cadáveres que aplauden y sonríen. Acaso quede aún en este espacio de sueños destrozados, de sueños machacados, otro loco que aún sueñe y vaya repitiendo: «Tenéis cerca la luz, está cerca la luz». Pero, ya como en tiempos, sólo un frío y vacío silencio os responde, aunque siga festivo y ciego el ajetreo de los muertos perfectamente pulcros, de los muertos perfectamente muertos. Sólo se oye la agria y metálica caída de otra noche como una inmensa, grues, negra chapa de acero.
“Astrolabio” 1975 - 1979